
La seguridad pública no es algo lejano. No es solo un tema de campaña, ni una conversación para expertos. Es algo que se siente todos los días en la vida real.
Se siente en la familia que quiere caminar tranquila por su barrio. Se siente en el joven que necesita apoyo y oportunidades. Se siente en el pequeño negocio que abre cada mañana esperando poder trabajar en paz.
En Portland, este tema importa mucho. Importa para las familias, importa para los jóvenes y también importa para los empresarios pequeños, que muchas veces están haciendo muchísimo con recursos limitados. Y también importa para la comunidad latina, que está presente en toda la ciudad, trabajando, emprendiendo, criando hijos y aportando al crecimiento de Portland.
Yo hablo de este tema desde experiencia personal. Viví en México por doce años. Mis hijos nacieron allá y su primer idioma fue el español. Tuve empresas en México y ahora también aquí en Portland. Por eso, cuando hablo de seguridad pública, no lo hago desde lejos. Lo hago como empresaria, como madre y como alguien que sabe lo que pasa cuando la inseguridad empieza a meterse en la vida diaria.
Una de las cosas más difíciles que viví en México fue precisamente la seguridad pública. Mi empresa fue afectada, y las consecuencias duraron años. No digo esto para comparar a Portland con México, porque no es lo mismo. Pero sí sé reconocer lo que pasa cuando la inseguridad empieza a cambiar cómo vive la gente, cómo operan los negocios y cómo una comunidad empieza a perder confianza.
Cuando un negocio siente miedo, no invierte igual. No contrata igual. No crece igual. Cuando una familia siente que su barrio no está seguro, cambia su manera de vivir. Sale menos. Participa menos. Confía menos. Y eso termina afectando no solo a esa familia, sino a toda la comunidad.
Por eso creo que tenemos que hablar de seguridad pública con más honestidad. Muchas veces la conversación se va a los extremos. O se habla del tema como si todo se resolviera solo con castigo, o se habla como si nombrar el problema fuera exagerar. Yo no creo en ninguna de esas dos cosas.
Yo creo en una visión más práctica.
La seguridad pública sí incluye respuesta cuando hay delito. Claro que sí. Pero también incluye prevención. Incluye apoyo a las familias. Incluye mentoría para jóvenes. Incluye colaboración con organizaciones comunitarias. Incluye entender que si esperamos hasta que todo explote, ya vamos tarde.
Por eso me parece importante reconocer el trabajo de organizaciones como MILPA, que han acompañado a familias latinas en momentos difíciles y han trabajado con jóvenes desde la prevención. Ese trabajo importa porque muchas veces la diferencia entre un joven que entra en más riesgo y un joven que encuentra dirección está en que alguien apareció a tiempo.
También creo que tenemos que entender mejor la relación entre seguridad y pequeños negocios. A veces se habla del negocio pequeño solo como economía, pero no es solo eso. Un pequeño negocio también es estabilidad. Es presencia. Es comunidad. Es empleo. Es un lugar donde la gente se conoce y se cuida. Cuando un pequeño negocio logra mantenerse abierto y fuerte, todo el barrio se beneficia.
Yo quiero que más familias latinas se sientan con confianza para emprender en Portland. Quiero que más personas sientan que pueden abrir un negocio, invertir en su comunidad y construir algo aquí. Pero eso no pasa solo con palabras bonitas. Pasa cuando hay más orden, más apoyo, más prevención y más confianza en nuestras calles.
Para mí, la solución no está en una sola cosa. Está en trabajar de manera más completa. Apoyar a los pequeños negocios. Fortalecer a los jóvenes antes de que entren en ciclos de violencia. Respaldar a familias que están pasando por crisis. Escuchar a las organizaciones que ya están haciendo el trabajo. Y tomar en serio la seguridad pública sin perder la humanidad.
Yo entiendo este tema porque lo he vivido desde varios ángulos. Lo he visto como empresaria. Lo he visto como madre. Lo he visto como alguien que ha construido entre dos culturas y dos contextos muy distintos.
Por eso, cuando hablo de seguridad pública, no hablo desde teoría. Hablo desde experiencia. Y también hablo desde esperanza, porque sí creo que Portland puede hacerlo mejor.
Podemos ser una ciudad donde las familias respiren más tranquilas, donde los jóvenes tengan más apoyo, donde los barrios se sientan más fuertes y donde los pequeños negocios tengan espacio real para prosperar.
Ese es el tipo de ciudad por la que vale la pena trabajar.